Arquitectura Consciente | Geometría sagrada

Es el momento de reorientar la toma de datos y de decisiones en la práctica de la construcción, en la realización de proyectos arquitectónicos y urbanísticos así como en la configuración de espacios o estructuras empresariales. Las decisiones que resultan pasan por manejar nuevas herramientas que permitan dar un salto cualitativo en la calidad de nuestro parque edificatorio responsable de un porcentaje cada vez más elevado de emisiones de CO2 y de mala gestión de los recursos que sabemos, son limitados Este cambio de actitud proporcionara un estado de bienestar generalizado y abrirá las puertas de un futuro saludable en nuestro planeta. Empezar por los edificios que habitamos y los espacios urbanos que ocupamos, configuran y transforman nuestros hábitos es sin duda un acierto.

La relación entre la Tierra y el Sol se marca a través de la sombra en la superficie de la Tierra. El tiempo que marca nuestras rutinas está acotado dentro de esta relación entre el Sol-la Luna y la Tierra. El  ángulo de inclinación de la salida del sol en el solsticio de verano en cualquier lugar de nuestro planeta identificado por su latitud y por su longitud determina una geometría particular, trabajar con esta geometría y las  proporciones que resultan de ella dan un sentido profundo a cualquier construcción y la armonizan con el ritmo del sistema solar y del universo.

Los sólidos platónicos están presentes en la naturaleza, la estructura ordenada en base a su geometría permite el crecimiento sano y da una dimensión clara y cierta tanto a cualquier espacio como a toda naturaleza. La espiral de  nuestro ADN, la estructura cristalina de los minerales, la geometría de las flores, el crecimiento de las conchas,…, todos son ejemplos de como la geometría esta presente en la Naturaleza, la raza humana parece ser la única especie del planeta que nos olvidamos de esta relación.

La transformación del espacio para permitir el crecimiento de las personas que lo ocupan en un tándem interconectado uniendo la tierra con el  cielo y observando el orden natural es una necesidad inherente al ser humano y da un valor esencial a nuestra sociedad. Desde los primeros asentamientos el hombre ha buscado cobijo y también lugares para crecer en comunión con el Universo. En una sociedad mercantilizada como la nuestra hemos dejado de prestar atención y escucha a todo cuanto nos rodea. El sistema basado en factores de rendimiento nos empuja a cerrar nuestra sensibilidad natural y nos invita a movernos como máquinas para producir más y mejor. Pero nuestra naturaleza sensible está ahí latente, esperando el momento para despertar. Tenemos la oportunidad de abrir la escucha interna y trabajar con los códigos de creación que existen en la naturaleza, desde los infinitamente pequeño a lo infinitamente grande la geometría se repite configurando la forma de todo cuanto existe.

A lo largo de la historia distintas culturas han construido observando el orden natural y esta observación a nivel profundo nos da pautas muy reveladoras. Desde la prehistoria hasta no hace mucho en nuestra historia junto a los maestros canteros,  se construía observando el orden y la proporción, el ritmo y la escucha de las características del terreno, del espacio y de la relación con nuestro planeta dentro del sistema solar,  y esta observación a nivel profundo da pautas muy reveladoras. 

El ser humano está conectado con su entorno. Llevar la atención a la realidad que le rodea y que forma parte de él reconociendo su naturaleza profunda abre un abanico de oportunidades para construir un futuro posible y armonioso. La espiral del ADN, el toroide del campo energético, los sólidos platónicos que se repiten en cualquier estructura a nivel molecular son una evidencia de esta relación.